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Las ventajas de adoptar las nuevas tecnologías en el sector bancario

octubre 9, 2018

El papel de los bancos en el Open Banking

La segunda Directiva de Servicios de Pago de la Unión Europea, PSD2 (que es una realidad desde enero de 2018, aunque parte de su definición técnica se acabará de concretar en los próximos meses), ha llegado para impulsar lo que se conoce como Open Banking. Bajo esa denominación hay una voluntad de que los consumidores (particulares o empresas) dispongan de una mayor oferta de servicios financieros. De este modo, se busca más competencia, calidad de servicio y transparencia, sin perder seguridad. Y la directiva pone en manos de los bancos la responsabilidad de dar acceso a los nuevos actores del sector a los datos de sus clientes (previa autorización por parte de estos).

Entran en escena los llamados Third Party Providers (TPPs), que a su vez se dividen en AISPs (Account Information Service Providers) y PISPs (Payment Initiation Service Providers). Serán los bancos y entidades financieras los que, a través de APIs abiertas (Application Programming Interface) deberán permitir a los primeros acceder a información de las cuentas de clientes; y a los segundos iniciar un proceso de pago. Hace ya un tiempo que diferentes empresas (como es el caso de las FinTech) venían ofreciendo servicios financieros y logrando recabar la información que necesitaban para ello. Sin embargo, es de esperar que las facilidades que proporcionarán los bancos, la existencia de una regulación igual para todos y el empuje de la economía digital harán crecer exponencialmente el número y tipo de servicios al alcance de los consumidores y empresas.

El cambio como oportunidad

Mencionábamos el uso de APIs y la pujanza de lo digital. Las nuevas tecnologías se convierten, de este modo, en protagonistas del cambio en un sector hasta ahora muy tradicional. Pero, al contrario de lo que podría parecer, la oportunidad no se presenta solo para los nuevos actores en el ámbito financiero (startups FinTech, pero también los grandes del mundo digital, como Google o Facebook, operadoras móviles, etc.), sino también para los consolidados: los bancos y otras instituciones financieras.

A los actores tradicionales del sector les toca entender este cambio de modelo como una oportunidad de ofrecer el mejor mix a los clientes: de una parte, creando nuevos productos (o reformulando los existentes), enriquecidos gracias a la aplicación inteligente de las nuevas tecnologías; de otra, haciendo valer su papel como consejeros financieros para sus clientes. Al fin y al cabo, los bancos han aconsejado desde siempre (en inversiones, ahorro, planes de jubilación, etcétera) a los consumidores.

Otra ventaja que pueden encontrar si deciden sumarse a la transformación es su conocimiento del consumidor y del mercado. Una información con la que otras empresas recién llegadas no cuentan. Gracias a ello, están más que capacitados para buscar nuevas posibilidades de servicios y enfoques de valor añadido. Eso sí, deberán realizar un esfuerzo por mejorar la experiencia de usuario, ofrecer soluciones personalizadas o atender a sus consumidores con la misma eficacia (y continuidad) a través de diferentes vías y canales. Es decir, deberán poner el consumidor en el centro, una estrategia que en tiempos monopolísticos y ajenos a la democratización de los avances tecnológicos la banca no necesitaba y, por tanto, a menudo ha descuidado. ¿Puede, entonces, la adopción de nuevas tecnologías convertirse en una ventaja para el sector bancario? Sí, pero no solo para él, también para otros actores y, en especial, para los clientes. Se trata, ahora sí, de una estrategia win-win.

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